RESPONDER A LA CRISIS DEL SECTOR VITÍCOLA CON HERRAMIENTAS CREA

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Andrés Villarino integra el Grupo CREA Viticultores ‘Luis Fernández’ desde que tiene uso de razón. Nos cuenta que cuando la es­cuela se lo permitía, acompañaba a su padre a las reuniones del grupo. Por eso se ufana de conocer el Movimiento CREA desde adentro, desde niño, desde los años 80.

Nació en 1974 en el departamento de Canelones. Vive en el establecimiento, en el kilómetro 36,800 de la Ruta 33, y lleva adelan­te la explotación con una de sus hermanas, Rossina, y sus padres.

Es Ingeniero Agrónomo y su carrera como su historia de vida está asociada a la vid, desde los tiempos de buenas cosechas hasta los actuales, en que se hace necesario diversificar con la horticultura para subsistir
Tiene sangre canaria e italiana corriendo por sus venas, apellidos tanos y españoles que cruzaron el Océano Atlántico desde los tiempos de la Banda Oriental, se instalaron en la Cuchilla Grande y desde 1888 plantan vides allí.

“Yo digo que integro el Grupo CREA desde que se fundó, nací en el 74, el grupo nació en el 80. Lo integro desde entonces porque mi padre me llevaba a las reuniones, cuando la escuela me permitía. De adulto me fui metiendo en el funcionamiento, formando parte del grupo. Ahora somos 6 integrantes y sabemos que debemos ser más. Llegamos a ser 12, que sería el número ideal. Las razones por las que se han retirado empresas son diversas, pero la sucesión generacional es algo determinante. Tenemos previsto con el coordinador de Método CREA comenzar el año con un reunión “CREA del CREA” para optimizar el funcionamiento del grupo, para tratar de hacerlo lo más eficiente posible, para los que estamos y seguramente nos ayude también a atraer más productores”, comienza diciéndonos.
A manera de pionero

Corría el año 1801 y llegaban los prime­ros canarios, de apellido Cabrera. Años más tarde desembarcaron los Villarino y los Viazzo, pero fue Santiago Viazzo (italiano) el que plantó viña y frutales. Era el abuelo materno del abuelo paterno de Andrés. Allá lejos en el tiempo, nacían los vinos Villarino, que conti­núan en 2018.

Hoy la familia de Andrés pelea otras batallas, distintas a las de los pioneros. Lucha por subsistir en un sector en crisis, donde los productores se retiran.

“Aumentar la cantidad de productores en el Grupo sería el gran desafío del 2018, sin duda. Somos conscientes que tenemos ese desafío, y viene de la mano de la condición y realidad económica del sector. Ya ha pasado en otros ciclos de otros rubros, con otros grupos. La viticultura está pasando por un momento muy difícil y repercute en esto”.

Andrés Villarino es la segunda genera­ción en el Grupo CREA. Esa lealtad continúa la línea de su padre, que fuera alumno del Ing. Fernández. Precisamente el Ing. Luis Fernández fue quien vinculó la viticultura al Movimiento CREA. “Los que estamos aún en el grupo estamos convencidos que es mejor estar. Si es malo el momento con más razón tenemos que estar porque esto es una herra­mienta que todos estamos convencidos que es útil, que sirve para salir adelante, con la cual tomaremos las mejores decisiones”, dice y nos contagia su optimismo.

Villarino reconoce que el 2017 fue un año malo para la empresa. “El 26 de setiem­bre de 2016 sufrimos un daño por helada que fue de los más grandes que hemos tenido hasta ahora. Estamos en una zona alta, la divisoria de aguas de la Cuchilla Grande, pero igual tuvimos un daño como nunca y eso hizo que el año para nosotros fuera muy compli­cado. Especialmente porque perdimos la uva de mesa. Nosotros tenemos uva de vino y uva de mesa, hoy en día es lo más valioso y las pérdidas fueron muy grandes. En realidad el sector en sí –por supuesto hay excepciones- a nivel de grandes números está en crisis”. Acto seguido enumera datos y detalles que permi­ten visualizar esa crisis vitícola en Uruguay.

“Empresas que vienen cerrando desde hace tiempo a esta parte. En los 90 hicimos la reconversión de viñedos, y ahora está habiendo una reconversión de productores Hay muchos que han dejado de ser vitícolas, basta ver las estadísticas, el consumo, ha ido bajando la producción y mantenemos un excedente que hace que la situación sea muy complicada. Y basta ver las estadísticas de plantación”.

El sector vitícola en Uruguay al día de hoy presenta algo más de 6000 hectáreas de viñedos. Para mantener el viñedo existente se deberían reponer 250 a 300 hectáreas por año. En los últimos 3 años, sin embargo, el promedio no supera las 50 hectáreas. “Y en realidad muchas de estas son de empren­dimientos nuevos, de productores que no son tradicionales. Si sacamos las hectáreas plantadas al este, en los viñedos tradicionales del centro sur, en realidad las plantaciones es­tán siendo ínfimas. Es un indicador bastante fuerte”.

La familia Villarino y sus vinos son un fiel reflejo de lo que está pasando en el sector. Con 129 años de tradición familiar y empresarial no se alejarán de la viticultura, pero al menos diversificarán la producción, en principio hacia la horticultura. Andrés nos lo explica mejor. “Realmente la situación nos ha hecho ir virando un poco hacia la horticultura. En realidad no es que hayamos abandonado la viticultura ni pensamos hacerlo, pero sí por el momento la renovación e inversión dentro de la empresa no apunta a la viticultura. Es algo que nos duele mucho, pero vemos que es una situación muy de fondo que es muy difícil de solucionar. Estamos hablando de la calidad del consumo, de un sobre stock y de una viticultura que depende del mercado in­terno. Por más que las exportaciones son muy importantes, algunas empresas han logrado exportar excelentemente, pero el sector en sí -y nosotros somos una empresa promedio-mantiene un porcentaje de exportación muy bajo. Eso hace que cuando tenemos una caída del consumo en el mercado interno y una oferta muy inelástica propia de un cultivo perenne y de largo aliento tenemos proble­mas”.

“SI ES MALO EL MOMENTO CON MÁS RAZÓN TENEMOS QUE ESTAR PORQUE ESTO ES UNA HERRAMIENTA QUE TODOS ESTAMOS CONVENCIDOS QUE ES ÚTIL, QUE SIRVE PARA SALIR ADELANTE, CON LA CUAL TOMAREMOS LAS MEJORES DECISIONES”

La caída del consumo

“Personalmente pienso que es un cam­bio de hábito de la población”, razona Villarino cuando le consultamos sobre las razones que avalan la caída del consumo de vinos en Uruguay.

Acto seguido comienza a enumerarlas. “las exageradas restricciones totales de alco­hol en los conductores hizo que cayera más aún el consumo y afectó más al segmento de vinos de más valor, pero si lo vemos en pers­pectiva también viene dándose gradualmente, antes de esto. Es un cambio de hábitos por­que las estadísticas dicen que la cerveza has­ta hace pocos años se consumía menos que el vino, y nos cruzamos en unos 70 millones. Hoy en día la cerveza prácticamente duplica al vino en consumo, aunque uno supone que se va a estabilizar. Lo que uno ve con sus clientes es que las personas de mayor edad eran las que más estaban habituadas al vino y que lo veían como algo más natural en la mesa, se veía más al vino como alimento y las nuevas generaciones –el recambio de consu­midores- ha hecho que se haya diversificado el consumo hacia “bebidas rápidas”. Más allá que el vino en sí sigue siendo la única bebida alcohólica que según la medicina es mejor tomar un vaso con la comida que no tomarlo. No ocurre eso con otras bebidas”.

Con este escenario planteado, el futuro no se muestra halagüeño. Villarino es el primero en reconocer esta perspectiva, y allí comienza a aflorar el optimismo del empresa­rio asociado a la unión de los productores, su adaptabilidad a los cambios y búsqueda de nuevos métodos e investigación para lo cual CREA se convierte en un aliado. Así lo explica.

“Hay que adaptarse, obviamente que la caída del consumo y de la venta se ha ido dando en los vinos de menor valor por litro, lo que ha bajado más ha sido la venta de vino en envases mayores y se ha mantenido la venta de vino en envases menores. De cualquier manera, pienso que esto va a tender a estabilizarse. Aunque por el camino vamos a quedar muchas empresas de las que hoy estamos produciendo todavía. Es algo inexo­rable, hay que adaptarse, es como la selec­ción natural. O se adapta o se extingue. Hay que tratar de acompasar esa migración hacia vinos de mayor valor, pero también algo que nos preocupa es que en el segmento de vinos de mayor valor cada vez los vinos importados buscan un mayor lugar. Y están creciendo, entonces ahí se nos abre una gran incerti­dumbre respecto a dónde va a parar esto. Es claro que la capacidad de competencia de la viticultura uruguaya es muy mala, frente a una situación así el optar por rubros hortícolas al­tamente perecederos, que no pueden impor­tarse, nos “aisla” de ese medio externo más competitivo y restringe la competencia a em­presas con igualdad de condiciones. Estamos peleándola, creemos que el trabajo en grupo nos potencia y aumenta las probabilidades de éxito en esta situación realmente dramática que vive el sector y que vivimos la mayoría de los productores. Y por eso estamos al firme y por eso estamos respondiendo a la crisis como se responde en CREA, investigando, innovando, tratando de generar las herramien­tas posibles para ser más eficientes y tratar de mantenerse avanzando, no dejarse llevar por la corriente ni quedarse estancado”.

“ESTAMOS PELEÁNDOLA, CREEMOS QUE EL TRABAJO EN GRUPO NOS POTENCIA Y AUMENTA LAS PROBABILIDA­DES DE ÉXITO EN ESTA SITUACIÓN REALMENTE DRAMÁTICA QUE VIVE EL SECTOR”

A todo esto, el vino importado que se vende hoy en día en botella se sitúa casi en un 40% del total de ventas en el mercado uruguayo. Demasiado, dice Villarino. Y acto seguido toma el optimismo que le infunde el método CREA y piensa en adaptarse, y reno­varse, y salir adelante. CREA

 

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