Formación y capacitación para competir

0

Para poder competir con las principales potencias lecheras a nivel mundial, Uruguay deberá poner más foco en la formación y capacitación de las personas que trabajan en la producción, ya que contra los recursos económicos del resto no podemos competir.

Tras la jornada organizada por FUCREA,
el Instituto Nacional de Investigación
Agropecuaria (INIA) y el Instituto Nacional de
la Leche (INALE) sobre Desarrollo del Capital
Humano en los Tambos, en donde se le puso
números a la gestión de las personas, Mario
Fossatti, coordinador lechero de FUCREA,
destacó que de una consulta realizada a establecimientos
lecheros CREA, surgía que solo
un 5% del personal en los tambos encuestados
tiene educación terciaria, mientras que
el 70% solo tiene primaria. Además, señaló
que el 91% de los productores consultados
reconoció que debía capacitarse más, por lo
que resaltó la importancia de la educación
permanente para el crecimiento y desarrollo
futuro del sector.

Fossatti tuvo a su cargo el análisis
del capital humano en los tambos con los
datos CREA. Considerando que la lechería
uruguaya, la cual exporta el 70% de lo que
produce, tiene que competir con las mejores
del mundo como la de Nueva Zelanda, EEUU,
Australia o Europa, regiones que tienen muchos
más recursos económicos que nosotros,
el país debe apostar a hacer la diferencia
con su capital humano. “Tenemos buenas
condiciones de producción en cuanto a los
recursos naturales, pero no tenemos muchos
fondos para producir. Lo que sí tenemos es
capital humano. No podemos ser competitivos
si los protagonistas de la producción
no están al mejor nivel mundial, si nuestros
productores y trabajadores de tambo no
están entre los mejores del mundo”. Por eso,
el coordinador lechero de FUCREA entiende
que es fundamental educar y formar al personal.
Sostuvo que los empresarios también tienen
que estar al más alto nivel porque “nuestra
lechería siempre está desafiada, tiene
que asumir enormes variaciones de costos, y
precios de insumos y productos, vivimos permanentemente
en un ‘sube y baja’ y eso solo
lo pueden hacer pilotos de Fórmula 1”. Para
Fossatti, todos los que estamos vinculados a
la lechería, tenemos el desafío de estar a la
altura de los mejores porque “hay cosas con
las que no podemos competir, pero podemos
trabajar en capacitarnos en forma permanente,
confiar en nuestro esfuerzo, y apostar a la
mejora continua”.

Por otro lado, tras una encuesta realizada
en un universo de 83 tambos a nivel de
empresas CREA, las cuales tienen mucho
personal contratado, se observaron datos
preocupantes en cuanto al bajo nivel educativo
de los jóvenes que trabajan allí. “El 75%
solo tiene primaria aprobada, el 20% tiene
secundaria completa o incompleta y solo el
5% tiene formación terciaria. Por eso tenemos
que hacer un gran esfuerzo de capacitación y
de formación. Además, hay poca gente para
trabajar en el sector y, si queremos crecer,
necesitamos más gente. No es sencillo
encontrarla, por eso resulta fundamental formarla
y trabajar en educación permanente. La
tecnología avanza muy rápido y tenemos que
estar preparados”, sostuvo.

Otro dato que surgió de la encuesta es
que el personal que trabaja en la lechería es
joven, ya que en promedio tiene menos de
40 años. “Es gente a la que, si la lechería le
da una buena perspectiva económica y de
crecimiento personal y familiar, se va a formar,
va a tener sus intereses allí y va a permanecer
en el sector por mucho tiempo”.

Fossatti estimó que alrededor de los
tambos trabajan entre 10 mil y 15 mil personas,
considerando productores, empresarios
y personal contratado. “Es mucha gente si se
tiene en cuenta la necesidad de puestos de
trabajo que hay.”

Tras el análisis del uso del tiempo en los
tambos a cargo de técnicos de INALE, se incorporó
una mirada desde una ciencia social,
como la antropología, con el objetivo de derribar
ciertos conceptos que están arraigados y
también intentar responder preguntas sobre la
nueva realidad y la identidad del tambero.

El especialista Javier Taks sostuvo que
el punto de partida fue intentar responder,
desde las ciencias sociales, algunas inquietudes
en cuanto a las relaciones de las personas
que trabajan en los tambos, los dueños y
sus familias, con los dilemas que experimentan
y las ansiedades que les genera el futuro.
“La antropología tiene dos cosas que
puede aportar; la primera es una idea de desnaturalizar
algunos preconceptos o prejuicios,
algún manejo de categorías de palabras o ideas
que muchas veces las damos por naturalizadas
y queremos hacer el ejercicio de ponerlas en
cuestión. Por ejemplo, creer que uno ya sabe
qué es lo motivante de trabajar en un tambo
para las distintas personas. Uno puede decir
los ingresos, calidad de vida, formas de trabajo,
etc, pero lo primero es acercarnos a las prácticas
de los tamberos y trabajar con ellos sobre
qué es lo que les motiva. No estudiamos a los
tamberos, sino junto a los tamberos, lo cual es
una característica de la disciplina”.

El otro aporte es cómo explican las personas
la realidad en la cual viven. “Nosotros
no creemos que la forma en que representamos
el mundo sea la verdad. Hay diversas
verdades que nos interesa ver cómo se están
reproduciendo. Para ello nos apoyamos en las
categorías nativas, es decir, qué es una vaca
para el tambero, qué es un robot ordeñador,
etc. y con ello buscamos reproducir modelos
que expliquen esa realidad y entender las
limitaciones”.

Taks sostuvo que es necesario salir del
predio, investigar a la familia tambera, no solo
mirando hacia adentro del establecimiento
sino a su localidad y región, analizando su
historia y cómo los otros ven la lechería para,
a partir de allí, construir la identidad tambera.

El antropólogo sostuvo que con este
análisis se busca otro abordaje distinto al que
el sector estaba acostumbrado. “Los antropólogos
somos más de las palabras y las ideas.
Nos interesa ver lo que los números no nos
están diciendo”, sostuvo el especialista.

“No podemos ser
competitivos si los
protagonistas de
la producción no
están al mejor nivel
mundial, si nuestro
personal no es
de los mejores del
mundo”

Por su parte, Santiago Fariña, director
de Lechería de INIA, destacó que lo importante
de esta jornada fue haber puesto el tema
del desarrollo del capital humano sobre la
mesa como un primer paso para comenzar a
pensar en soluciones. “Fue una combinación
de empezar a ponerle números a la gestión
de las personas y a las horas de trabajo,
combinándolo con la mirada antropológica
para analizar las cosas que cambian dentro
del núcleo familiar, cómo se inserta el tambero
en la región, cómo cambia la identidad de
una generación a la otra, etc”.

Fariña sostuvo que quedaron muy
conformes en cuanto al público que acompañó,
pero también por la presencia de jóvenes.
El cierre de la jornada incluyó una mesa con
productores de diferentes tamaños, quienes
dieron su punto de vista sobre el problema
del capital humano en los tambos. CREA

 

Compartir.

Leave A Reply