Una nueva opción para producir

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Recientemente quedó aprobado el proyecto FPTA de producción integrada vitícola, el cual se comenzará a ejecutar a la brevedad y por tres años. Marcelo Buschiazzo coordinador granjero de FUCREA explicó que el proyecto nació con la inquietud de los viticultores CREA que querían darle continuidad a un programa impulsado por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) que dejó de funcionar en 2006. Este sistema implica la producción, en este caso de uvas, de alta calidad, dando prioridad a métodos que sean ecológicamente seguros, que minimicen los efectos colaterales del uso de agroquímicos y que pongan énfasis en la protección del medio ambiente, seguridad del trabajador e inocuidad del producto final.

La producción integrada en nuestro país
comenzó como Programa en el año 1997,
mediante la promoción y participación de la
Agencia de Cooperación Técnica Alemana
(GTZ), junto al INIA, la Facultad de Agronomía
(FAGRO), la Junta Nacional de la Granja
(actual DIGEGRA) y los productores frutícolas
y hortícolas. Buschiazzo explicó que tras
discontinuarse este programa en 2006 quedó
el convencimiento sobre la importancia de un
programa de producción integrada que cuide
el medio ambiente, al trabajador y al consumidor.
“Los productores siempre buscaron
la forma de retomar esa iniciativa y encarar
algún formato para desarrollar la producción y
certificar el producto que se obtiene”.

Cuando se realizó el llamado en 2015,
en donde se resaltaba como área de trabajo
la producción integrada y amigable con el medio
ambiente, FUCREA presentó un proyecto
el cual fue aprobado recientemente.

Buschiazzo explicó que el primer objetivo
de este proyecto es comercial. “Buscamos
vías que nos permitan encontrar nuevos destinos
para el vino, atendiendo los requerimientos
que tienen los mercados internacionales;
los cuales están vinculados al cuidado del
medio ambiente, la inocuidad del producto,
etc. En una coyuntura donde abrir mercados
es fundamental para el sector vitivinícola,
esto es una oportunidad para diferenciar el
producto”.

El coordinador granjero de FUCREA
sostuvo que otro objetivo es encontrar alternativas
que disminuyan el impacto que tiene
sobre el ambiente la producción vitícola y en
ese sentido el proyecto apunta a una tecnología
que es nueva en nuestro país y que
permite hacer un tratamiento de las aguas
con residuos de plaguicidas. Además, se buscará
definir algunos índices de sustentabilidad
para ver cómo evoluciona el impacto sobre el
ambiente.

Por otro lado, con este proyecto
también se busca difundir el método CREA
y lo que implica la dinámica de trabajo en
grupo. “Es nuestro interés acercar más
gente y formar nuevos grupos”. Por tal
motivo, se plantea que además de los dos
grupos de viticultores de FUCREA, participen
viticultores de la cooperativa VICCA de
Canelones.

Buschiazzo también explicó que se
buscará avanzar en un nuevo modelo de
gestión de análisis de resultados económicos
de las empresas granjeras, y en
particular de las vitícolas. “El modelo de
gestión que maneja FUCREA está pensado
para empresas ganaderas o agrícolas
que no necesariamente se ajustan a la
realidad granjera. Por eso pretendemos
avanzar en eso”.

Si bien el proyecto fue presentado
por FUCREA, el Instituto Nacional de
Vitivinicultura (INAVI) es socio ejecutor.
“Valoramos mucho tener al ente regulador
del sector trabajando en este proyecto”.

Además, el desarrollo del proyecto implicó la
creación de un comité técnico que analiza y
actualiza la normativa sobre la cual se apoya
este sistema de producción. Este comité
estará conformado por FAGRO, INIA, INAVI, el
Centro de Viticultores, la Escuela de Enología
y productores de FUCREA y de la Cooperativa
VICCA. Buschiazzo sostuvo que es fundamental
que más allá de los tres años que durará
el proyecto, se pueda dejar en marcha un sistema
de estas características. “Los tres años
del proyecto serán suficientes para lograr la
aplicación de la norma e iniciar el proceso de
certificación; pero sería demasiado aventurado
pretender ver resultados comerciales
determinantes”.

Además, el coordinador granjero de FUCREA
destacó la importancia de este comité
para el análisis de alternativas y estrategias de
cara a los desafíos que tiene el sector, como
la necesidad de una nueva reconversión que
incluya el uso de variedades resistentes a
enfermedades, la mecanización para bajar
los costos de mano de obra y lo referente a
inocuidad del producto”.

En tanto, Néstor Merino, asesor del
CREA Viticultores J.O. Borsani, explicó que
hoy en día las definiciones de producción
integrada están yendo más allá; con programas
de producción sustentables en los cuales
se preocupan también por la seguridad del
consumidor, por la sustentabilidad económica,
la huella de carbono, etc., aspectos que
originalmente no se incluían.

La normativa definida por el comité
implica, por ejemplo, definir qué fitosanitarios
se pueden utilizar. “En la normativa de producción
integrada existen productos que son
menos tóxicos para el ser humano y el medio
ambiente, y que son considerados dentro de
la lista verde, sin restricciones; hay otros que
están en la lista amarilla que se pueden usar
pero con restricciones, como cantidades a
utilizar por kilo y por hectárea o tiempos de
espera; y por último están los productos en
rojo que están prohibidos para el programa
de producción integrada, porque son muy
tóxicos para el medio ambiente o el ser
humano y que, si el productor recurre a ellos,
no puede tener la certificación del proceso”,
sostuvo Merino.

Agregó que también hay una serie de
elementos prácticos que se toman para mejorar
el medio ambiente y el cultivo para que
éste tenga mejores defensas ante el ataque
de enfermedades y plagas. “Por ejemplo, aquí
entra el manejo de coberturas vegetales dentro
del viñedo para que haya una flora diversa
que permita mejorar y conservar las condiciones
del suelo y minimizar el impacto sobre los
recursos hídricos”.

Merino aseguró que este programa
tiene un impacto claro en la mejora de la
sustentabilidad del sistema productivo por el
respeto a las condiciones de medio ambiente
y la seguridad para los operarios, el productor
y su familia, que muchas veces vive donde se
produce la uva. “A nivel de desarrollo comercial,
Uruguay estaría mejor preparado con
una certificación que diera más respaldo para
vender nuestros vinos al mundo. Un concepto
como éste nos fortalece porque vamos a tener
la trazabilidad a través del INAVI y además
podremos demostrar cómo se produjo la
uva, respetando ciertas normas que implican
cuidar el medio ambiente”.

En tanto, Juan De Mori, asesor del grupo
CREA “Ing. Agr. Luis Fernández” destacó
que este programa permitirá producir uva de
manera inocua. “Hoy la inocuidad alimentaria
tiene mucho peso a nivel internacional. Y la
inocuidad no es solo para el producto sino
también para quien lo elabora”.

De Mori destacó que este programa,
con las tecnologías involucradas necesarias
para aplicar estas normas, le aportará al productor
conocimiento técnico.

El proyecto también tiene un componente
de gestión económico, o sea, que le va
a dejar al productor un marco metodológico
para la gestión de su empresa. “El programa
no prevé un beneficio económico directo,
pero el simple hecho de saber cuáles son sus
costos y aplicando las normas necesarias, el
viticultor va a saber en qué áreas inferir para
tener un mejor resultado”.

El asesor agregó que el solo hecho de
tener un producto diferenciado y de mejor
calidad le permitirá alcanzar mejores precios,
lo cual redundará en un mejor resultado
económico. “Si tengo un producto que
cumple ciertas normas que son sustentables
y confiables, tengo un producto que tiene una
diferenciación, y frente a otros que no están
en el programa, voy a tener un mejor precio”.

No se prevé que la aplicación de este
programa implique mayores costos ni más
complejidad en el manejo del cultivo. “Vamos
a tener una metodología escrita para la toma
de decisiones, la cual hoy en día no está.
Ahora sabremos cuáles son los caminos que
debemos seguir y eso nos permitirá disminuir
costos”, sentenció. CREA

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